Intervención Jael Quiroga Noveno Encuentro Nacional de Víctimas UP

Enviado por prensa el Vie, 10/10/2014 - 15:54

10 de octubre de 2014

Noveno Encuentro Nacional de Víctimas, 9, 10 y 11 de octubre de 2014

“Sin justicia para las víctimas del genocidio de la Unión Patriótica no puede haber paz”

Introducción:

Treinta años atrás, en un contexto también de negociaciones del Gobierno de entonces con la guerrilla de las Farc-ep, estábamos expectantes de lo que podría ser el resultado de las negociaciones. Hace 30 años, no dudamos en apostar y comprometernos con salidas negociadas al conflicto armado, a través de la conformación de mecanismos de participación política plural. Hace 30 años contribuimos a la esperanza de construcción de un país distinto. Un país incluyente, plural y verdaderamente democrático. Un país en paz.

Hace 30 años miles de campesinos, sindicalistas, educadores, líderes sociales, estudiantes, mujeres, jóvenes, indígenas, apostaron por participar en las decisiones que les afectaban mediante el ejercicio de sus derechos políticos, constituyendo y siendo parte de un partido político alternativo: la Unión Patriótica. Candidatizamos compañeras y compañeros para ejercer directamente el poder.

Este contexto fue comprendido por la CIDH en el Informe de Admisibilidad del caso 11.2271 cuando destacó que la Unión Patriótica:

No se concibió como partido político en el sentido estricto de la palabra sino que se percibió, más bien, como una alternativa política frente a la estructura tradicional del poder para contar con un medio que permitiera canalizar las diversas manifestaciones de protesta civil y popular y, asimismo, con un mecanismo político para la posible reasimilación de las FARC a la vida civil. Apenas fue creado, el partido recibió el respaldo inmediato de movimientos políticos izquierdistas y logró un importante y rápido éxito electoral en los comicios de 1986 y 1988.

Desde entonces y en plena conexión con el respaldo popular inmediato que recibió la Unión Patriótica, a través del cual accedió a cargos de ejercicio del poder a nivel local y nacional; empezó la persecución sistemática y generalizada de los miembros, dirigentes y simpatizantes de este partido político en razón de sus ideas políticas. Estrategia que tenía y consiguió el objetivo de diluir su fuerza política excluyéndolo del debate democrático. Estos hechos y pautas fueron consumando lo que hoy denunciamos como el genocidio por razones políticas contra la Unión Patriótica.

Pasadas tres décadas desde el inicio de la persecución y transcurridas dos décadas desde que emprendimos la reclamación de justicia y reparación ante la CIDH, sin que se haya tomado una decisión del caso; debemos decir que hoy, cuando se intenta nuevamente buscar salidas negociadas al conflicto armado, mediante los diálogos entre el gobierno actual con la guerrilla de las Farc-ep, es indispensable forjar caminos sostenibles de construcción de paz reconociendo y reparando integralmente las violaciones cometidas contra los miembros y dirigentes de la U.P. De esta reflexión proviene nuestro eslogan: “Sin justicia para las víctimas del genocidio de la Unión Patriótica no puede haber paz”.

Negar, relativizar o ignorar el genocidio por razones políticas cometido contra la Unión Patriótica no solo refuerza mensajes de legitimación de la persecución, también contribuye a la repetición de esta práctica en contra de los sobrevivientes de la U.P. y de quienes decidan apostarle, como nosotros, a construir movimientos o partidos políticos alternativos a los tradicionales. En sentido un poco más amplio, negar, relativizar e ignorar el genocidio contra la U.P., contribuye a mantener prácticas discriminatorias, intolerantes y excluyentes de opiniones distintas, con lo cual se debilita un aspecto fundamental de la verdadera democracia que es la efectiva garantía del pluralismo.

El pluralismo significa que los grupos humanos se presentan de una manera múltiple, esto es, de una manera diversa y con muchos aspectos porque sus integrantes no son homogéneos. (…) La práctica del pluralismo permite “descubrir y entender que la disidencia, la diversidad de opiniones y el contraste no son enemigos de un orden político-social”. (…) El reconocimiento del carácter plural de la sociedad y la práctica del pluralismo crean las condiciones indispensables para que los valores fundamentales de la democracia constitucional se materialicen. (…) El pluralismo, “en cierto sentido, por oposición al totalitarismo, se puede entender como la necesidad de que el gobernante o las autoridades estatales permitan y favorezcan la expresión y difusión de una diversidad de opiniones, creencias o concepciones del mundo.

En este punto es importante recordar que, es precisamente por lo que acaba de analizarse, que el principio sobre el deber de recordar hace parte del Conjunto de principios para la promoción y la protección de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad de Naciones Unidas:

El conocimiento por un pueblo de la historia de su opresión forma parte de su patrimonio y, por ello, se debe conservar adoptando medidas adecuadas en aras del deber de recordar que incumbe al Estado para preservar los archivos y otras pruebas relativas a violaciones de los derechos humanos y el derecho humanitario y para facilitar el conocimiento de tales violaciones. Esas medidas deben estar encaminadas a preservar del olvido la memoria colectiva y, en particular, evitar que surjan tesis revisionistas y negacionistas.

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